Estudiando algunos pesukim (versículos) sobresalientes de la parashá

“HABLA LOS HIJOS DE ISRAEL Y DILES: CUANDO ALGUNO PECARE POR YERRO CONTRA CUALQUIERA DE LOS MANDAMIENTOS DE ADONAI, RELATIVOS A COSAS QUE NO DEBEN HACERSE, HACIENDO CUALQUIERA DE AQUELLAS COSAS;

* CUANDO ALGUNO PECARE. Se debe comprender esta expresión como una exclamación, dicen los Sabios del Midrásh. ¿Cómo seria capaz el alma de cometer un pecado? ¿No ha salido ella de las esferas de justicia y pureza? “Se colocada en la fuente de Injusticia a la iniquidad (Ecl III,16).
El capítulo precedente comenzaba por las palabras (ve-néfesh ki takrív), un alma que presenta una ofrenda a Dios. Este gesto responde ciertamente a la naturaleza íntima del alma. Y no es sino después de esta constatación que la Torá señala que un alma también puede dejarse arrastrar al pecado.
La parte de responsabilidad que corresponde a cada uno de los dos factores del cuerpo y del alma en la perpetración del pecado, es un tema que nuestros Sabios han tratado a propósito de nuestro versículo. Dos opiniones se han expresado y las dos en forma de parábola.

La primera compara nuestro caso a dos individuos que han cometido un mismo crimen de lesa majestad: Uno de ellos era un aldeano, el otro un visitante habitual del palacio real.
Habiendo sido juzgados, el rey indulta al primero y castiga al segundo. A la pregunta planteada al rey para que explicara el tratamiento diferente dado a los individuos culpables de un mismo pecado, éste responde: Indulté al aldeano porque éste ignoraba los usos y costumbres de la corte real; pero castigué al amigo íntimo de palacio, ya que ha estado constantemente cerca de la majestad y conoce las medidas que aguardan a los descarados.

Lo mismo ocurre con el cuerpo y el alma. El cuerpo está formado del “polvo de la tierra “, pertenece a las capas terrestres y materiales que son lo opuesto a las esferas del espíritu, mientras que el alma, salida de las regiones celestes, es el soplo de vida inspirado por Dios.
Ella también es, como la amiga íntima del rey, reconocida responsable en relación con el cuerpo, y es por esta razón que la Torá proclama: (néfesh ki tejetáh, el alma que peque) es el alma la que comete la fechoría.

El otro punto de vista sostiene, sin embargo, la responsabilidad conjunta del cuerpo y del alma. Esta opinión es adoptada por el Talmúd y aparece citada en el Tratado Sanh. 9b.
El autor del Reshit Jojma, Rabí Elí di Vidas, la califica de “mejor fundada que la opinión citada anteriormente. Y apoya su parecer en la parábola que cuenta la célebre fábula del ciego y del paralítico:

“El emperador Antonio le dice a Rabí Yehudá Hanasí. El cuerpo y el alma pueden disculparse; el cuerpo puede señalar que solamente el alma ha cometido la falta, ya que él reposa en la tumba como una piedra después que aquella lo ha abandonado. El alma puede igualmente hacer recaer la culpa en el cuerpo, ya que ella planea como un pájaro después de haberlo abandonado.
Rabí respondió: Es como comparar a un rey que confió la custodia de su bello huerto a dos guardianes, uno de los cuales era paralítico y el otro ciego. El primero le dijo al segundo: Veo hermosos frutos en el jardín. Ven, déjame subir sobre tus espaldas, iremos a buscarlos y nos los comeremos. Así lo hicieron.
Un día llegó el propietario y preguntó dónde se encontraban los hermosos frutos. El paralítico respondió: ¿Tengo yo pies que me puedan transportar? El ciego respondió: ¿ Tengo yo ojos para ver? ¿Qué hizo el rey? Hizo subir al paralítico sobre las espaldas del ciego y los condenó a los dos.
El Eterno, concluyó el Rabí, actúa del mismo modo: El une el alma con el cuerpo y los juzga juntos… ” Vistas las cosas desde éste ángulo, la palabra (néfesh) de nuestro versículo alude a la persona en tanto que entidad psico-física.

* POR YERRO: El error de que se habla aquí, puede estar relacionado bien con la ley o con su contenido: el individuo ignoraba que tal acto estuviera prohibido o que él mereciera la pena de (karét), cercenamiento, ya fuera por el acto mismo cuyo carácter ilegal ignoraba (por ejemplo, realizó un trabajo sin saber que ese día era Shabat, o comió la grasa prohibida (jélev) creyendo que se trataba de la permitida (shumán).
En todo caso, no se puede hablar de acciones prohibidas más que cuando son cometidas voluntariamente y conllevan la pena de cercenamiento, (karét), es decir, que revisten un carácter de gravedad acusada.
Hemos mostrado en nuestro Comentario anterior I, 3 cómo la obligación de ofrecer un sacrificio expiatorio por una falta cometida involuntariamente le confiere al sistema de sacrificios de la Torá su originalidad específica. “Cualquiera que sea la naturaleza del pecado, declara Najmánides, éste le comunica al alma una mancha por lo cual debe purificarse antes de poder comparecer ante el Señor”.
El tema de la responsabilidad plenamente comprometida en cada pecado, voluntario o involuntario, está desarrollado, con referencia a numerosos ejemplos en el Tratado Nazír 23a-b.
Rabí Akivá, se cuenta en dicha obra, lloraba al darse cuenta de las penosas consecuencias de los pecados cometidos en la ignorancia o por descuido o sin que la propia conciencia lo advierta.
Rabí Issi Ben Yehudá exclamaba: Esto es lo que nos causa tanta aflicción.

Con objeto de explicar el hecho de que la Ley considera un pecado cometido involuntariamente como un acto culpable que exige perdón y expiación, nuestros Sabios nos han dado el motivo siguiente. Un pecado tal, afirman, es un signo de negligencia culpable o de falta de aplicación en el ejercicio del servicio divino. La experiencia demuestra, en efecto, que tal objeto o acto que un individuo considera de gran importancia no escapa jamás a su vigilancia, ni por descuido ni por advertencia ni por olvido. Mientras mayor sea la profundidad que tiene un asunto en nuestro corazón, más sagrado será para nosotros y mayor será la seguridad de que lo respetaremos conscientemente, sin desfallecimientos y sin demora. Los intereses superiores de nuestra existencia ignoran el olvido y el error.

Partiendo de estas premisas, el Rey Shlomó constata: “(El pecado cometido), aunque sea inconscientemente, no es bueno para el alma” (Prov. XIX,2). Y los Sabios comentan: No es el pecado cometido por error lo que debe constituir el principal motivo de aflicción para el pecador, sino sobre todo, el hecho de que “la puerta (del pecado) se encuentra abierta delante de él”. Pues desde el momento en que se comete un pecado, ya sea por error o por olvido, se corre el riesgo de deslizarse por la pendiente fatal. La pueda está abierta y, en adelante, un pecado acarrea otro, como una Mitzvá acarrea otra.
Estas consideraciones nos permiten comprender mejor la obligación establecida por la Ley de ofrecer un sacrificio expiatorio para pecados de este orden, y se concibe igualmente que el grado de responsabilidad personal, aumente con el nivel moral y espiritual del individuo. “Cuando se trata de los discípulos de los Sabios (talmidei jajamím), declara Rabí Yehudáh, el pecado involuntario equivale a un pecado premeditado” (B.M. 33b).
Conviene, sin embargo, subrayar que la responsabilidad imputada al hombre por sus pecados involuntarios comprende una contrapartida que está relacionada con sus méritos adquiridos inconscientemente. Al final, Rashí recuerda que la medida de las recompensas, atribuidas por los méritos, es infinitamente más rica que la de los castigos infligidos por los pecados, y cita una serie de ejemplos de buenas acciones, generosamente recompensadas, aunque realizadas accesoriamente, e incluso “sin saberlo “,o desprovistas de alcance práctico (V, 1 7).

Vaikra 5,1
“Y CUANDO ALGUNO PECARE EN ESTO: PORQUE HABIENDO OIDO LA VOZ DE LA IMPRECACION, SIENDO EL TESTIGO RESPECTO DE ALGO QUE HABIA VISTO O SABIDO, Y CON TODO NO LO MANIFIESTA, EL LLEVARA SU INIQUIDAD.

* Y CUANDO ALGUNO PECARE EN ESTO. Las prescripciones contenidas en este capítulo, demuestran de nuevo que el culto de los sacrificios, lejos de rebajar la Nación al nivel de una cultura primitiva, como algunos se han complacido en proclamar, la eleva, por el contrario, a un grado muy elevado de conciencia moral.
En efecto, los delitos mencionados aquí, que exigen la ofrenda de un sacrificio expiatorio, no participan ni del derecho común ni del derecho criminal, ni siquiera de las leyes religiosas fundamentales. No están relacionados tampoco con casos de transgresiones corrientes.
Se trata, por el contrario, de casos específicos, que muestran hasta qué punto el hombre judío debe ejercer, hasta sus últimas consecuencias, un control permanente de sus actos y sus palabras, a fin de no ser reconocido culpable ante la Ley. Sólo un pueblo forjado en la disciplina más exigente, puede estar a la altura de un culto Divino de tal vigor. Y sólo una sociedad sujeta a una ley moral que reclama un acto solemne de expiación de pecados de carácter tan particular como los tratados en nuestro capítulo, puede ser elevada a unas alturas morales y religiosas desconocidas por otras naciones.

De los tres casos enumerados en los versículos del 1 al 4, el primero está relacionado con el testigo que rehúsa dar testimonio, aunque haya sido citado a declarar en un proceso de derecho civil; el segundo se refiere a una persona que, habiendo contraído impureza levítica, incluso ignorándolo, y habiendo consumido en este estado la carne de los sacrificios, penetra en el Santuario; el tercer caso es el de un hombre que se ha impuesto un voto por su propio juramento y que, habiéndole olvidado después, ha transgredido dicho voto.
Estos casos se sitúan en el límite de lo consciente y lo inconsciente, incluso en el de la falta y la inocencia, y la Torá parece querer, al citarlos, hacernos tomar conciencia de las graves responsabilidades morales de los seres humanos que comprenden los actos o las omisiones en que han incurrido de buena fe y que ellos consideran de naturaleza sutil o anodina.

* PORQUE HABIENDO OIDO LA VOZ DE LA IMPRECACION. Según el Zóhar, que interpreta la frase en sentido figurado, las primeras palabras comprenden una exclamación: ¡Un alma que comete un pecado! ¿Es posible que el alma, salida de las esferas celestes, cometa un pecado, cuando ha escuchado la voz del juramento? Cada alma está, en efecto, conjurada, antes de salir a la luz del día, de tomar el camino de los justos y de conservar su pureza original (Cf. Niddáh 30b). Ha escuchado esta advertencia y se ha vuelto testigo con respecto al hombre, por haberlo visto o conocido. Es, pues, en virtud de esta advertencia previa que el hombre “debe cargar con su culpa” si rehúsa confesarla

* Y CON TODO NO LO MANIFIESTA. Se vincula a Israel, testigo del Señor: “Vosotros sois mis testigos, dice el Eterno” (Yeshayáhu XLIII,10). Pues Israel ha visto la Revelación Divina en el Sinái y “sabe ” que nadie es Dios en el cielo y la tierra fuera del Eterno. También “llevará su pecado ” si no da testimonio de la existencia del Dios único. “Si vosotros no proclamáis Mi Divinidad a las naciones del mundo, Yo os castigaré”. Esta es una de las raras alusiones del Pentateuco en la que se destaca la obligación que contrajo Israel de ir a proclamar el monoteísmo a los gentiles.

* EL LLEVARA SU INIQUIDAD. Sin embargo, la expiación prevista por el sacrificio expiatorio, no se relaciona más que con el caso de la deposición de dos testigos. Un testigo único, que rechaza atestiguar a favor de un acusado en un proceso de derecho civil, es igualmente responsable, pero únicamente frente al Tribunal Celestial. Su deposición puede, en efecto, servir para imponerle un juramento a la parte adversa, y su rechazo a testimoniar, equivale a la transgresión de la Ley: No permanezcas impasible ante la sangre de tu vecino (Lev. XIX, 16)

Estudiando algunos midrashim sobre la parashá de la semana

Moshé Congrega a Klal Israel para Enseñarles las Leyes de Shabat

La parashá de Vaiakhél describe cómo el Mishkán fue construido. Es precedida, no obstante, por una advertencia de observar las leyes de Shabat.
En el día siguiente a Iom Kipur, Moshé congregó a Klal Israel íntegro y les dijo, “Trabajo puede ser realizado durante los seis días de semana. No obstante, en el séptimo, ustedes deben abstenerse de toda labor.” Moshé les enseñó a los Benei Israel las detalladas halajot (leyes) de las treinta y nueve labores principales (avot melajot) cuya realización está prohibida en Shabat.
Moshé concluyó con la advertencia, “Quien viole el Shabat a pesar de haber sido advertido y en la presencia de dos testigos incurrirá en el castigo capital. Aún si el Beit Din está imposibilitado de ejecutarlo porque una de las dos condiciones precedentemente mencionadas no es cumplida, él ciertamente no escapará a la retribución Divina.”
¿Por qué Hashem le ordenó a Moshé exhortar al pueblo a guardar los preceptos del Shabat antes de instruirlos acerca de construir el Mishkán?

El rey estaba planeando construir él mismo un nuevo palacio. Convocó a los mejores arquitectos y se asesoró con ellos por horas y horas. Les dio instrucciones detalladas sobre cómo planear el magnífico edificio que él tenía en mente, los espaciosos cuartos, el techo como torre, los portales a la entrada, y el lujoso diseño interior. La reina advirtió con desagrado que él pensaba sobre su nuevo palacio día y noche. Durante una de sus sesiones con los arquitectos, ella se introdujo dentro del cuarto y se quejó, “¡Vos estáis tan absorbido en vuestros planes que ya no me concedéis un solo pensamiento!”
El rey reconoció la verdad de su argumento. Inmediatamente ordenó que al día siguiente, una fiesta debería ser celebrada en honor de la reina.
Similarmente, el Shabat se quejó a Hashem, “Tú me santificaste durante los Seis Días de la Creación. ¡Ahora los judíos probablemente están por profanarme a causa de su gran amor por el Mishkán que están erigiendo para Ti!”

Hashem por consiguiente le ordenó a Moshé enfatizar al pueblo que las leyes de Shabat no debían ser descuidadas a causa de la construcción del Mishkán.
Moshé les enseñó a los Bnei Israel entre muchas otras halajot que estaba prohibido encender un fuego en Shabat. (Los Kohaním fueron permitidos encender un fuego en el Mishkán con el fin de ofrendar los korbanot de Shabat. Fueron, no obstante, prohibidos de realizar aquella precisa misma labor para propósitos privados.)

El malvado emperador Adriano desafió a R. Iehoshúa ben Jananiá, diciendo, “Yo soy más grande que vuestro maestro Moshé.”
“¿Cómo es eso?” interrogó R. Iehoshúa.
“Muy simple,” replicó Adriano. “Yo estoy vivo, y él está muerto. ¿No dicen vuestros libros, “Mejor un perro vivo que un león muerto” (Kohelet 9:4)?”
R. Iehoshúa le dijo, “Yo reconoceré la verdad de vuestras palabras si vos podéis cumplir una condición.¡Decretad que vuestros súbditos, como regla de una vez, no pueden encender ningún fuego por tres días consecutivos!”
“¡Nada más fácil que eso!” consintió Adriano, y emitió una orden a aquel efecto.
En la noche, ellos dos permanecían sobre la terraza del techo de Adriano.
R. Iehoshúa miraba a las casas de la ciudad y advirtió humo elevándose de la chimenea de una casa a la distancia.
“¿No prohibísteis encender un fuego?” él preguntó al emperador.
Un mensajero fue enviado a aquella casa. Retornó con el reporte que un hombre noble vivía allí, y su facultativo le había ordenado beber bebidas calientes para curar su resfriado. El había encendido el fuego para aquél propósito.
“Vos véis,” R. Iehoshúa ben Jananiá se dirigió a Adriano, “vuestros súbditos no hacen caso de vuestras órdenes aún mientras vos estáis vivo. Este hombre podía fácilmente haber esperado otro día para encender el fuego. Nuestro rebe, Moshé, nos advirtió a nosotros dos mil años atrás, `¡No encendáis un fuego en Shabat!” ¡Hasta el día de hoy, ningún fuego es encendido en ninguna casa judía en el Shabat!”

La Construcción del Mishkán Revela el Verdadero Carácter de Belleza Espiritual de Klal Israel

Klal Israel proclama, “Shejorá aní venavá / Yo soy negra, no obstante hermosa” (Shir Hashirím 1:5).

Esta afirmación parece ser contradictoria; ¿no son negrura y belleza dos extremos opuestos? Cada uno de estos dos atributos, no obstante, se refiere a una etapa diferente en la historia de Klal Israel. Los Bnei Israel proclaman,

- “Yo soy negra, cuando mis propias acciones son tomadas en consideración, pero hermosa considerando las acciones de mis ancestros.”

La princesa una vez cometió una transgresión y fue desterrada de la corte real. Fue forzada a ganarse la vida recolectando la cosecha de los campos junto con los granjeros comunes.
Investigación posterior de su mal acto trajo a la luz el hecho de que no tenía que ser culpada por el crimen. Más bien, fue una de las criadas en el palacio quien había causado todo el problema.
La princesa fue por lo tanto convocada para retornar a la corte real, pero ella ya no era la hermosa doncella que había sido anteriormente. Su delicada piel había sufrido de la exposición al sol abierto en los campos. Estaba ahora bronceada por el sol y parecía negra y fea. Cuando las mujeres nobles llegaron al palacio para visitar, se burlaron ante la vista de la negra princesa.
“¿Por qué vosotras me contempláis con desdén? la princesa les preguntó. “Yo sólo necesito un buen bálsamo y algunos baños para curarme. Estos me harán tan hermosa y blanca como solía ser. Pero vosotras todas nacísteis con piel oscura.¡Todos los cosméticos y baños en el mundo entero no tornarán vuestra piel blanca!”

Similarmente, Klal Israel posee la kedushá innata que heredaron de sus grandes ancestros. Aún a pesar de que su belleza pueda a veces ser ensombrecida por la influencia del ietzer hará (el impulso que lleva a hacer el mal) y de las naciones, su negrura es sólo superficial. Tan pronto como ellos se esfuerzan a sí mismos un poco, son capaces de hacer teshuvá (arrepentimiento) y recobrarán su natural belleza espiritual.

K-lal Israel afirma además:

- “Yo fui negra en Egipto, pero hermosa al pronunciar naasé venishmá en Har Sinai.”

- “Yo fui negra cuando me rebelé en el Iam Suf, pero hermosa cuando yo exclamé allí, “Este es mi Di- s, y yo lo glorificaré a El.”"

- “Yo fui negra en el incidente del jet haeguel, pero hermosa en la construcción del Mishkán.”

Los Bnei Israel fueron conducidos a hacer el Becerro de Oro a causa de las persuasiones del Satán. Tan pronto como Moshé regresó, sin embargo, ellos voluntariamente accedieron a la eliminación del eguel y al castigo de muerte de los pecadores. Su gran anhelo de expiación y la restitución de la shejiná a su medio fue probado por sus vastas donaciones para el Mishkán. De tal modo manifestaron el verdadero carácter de Klal Israel, el carácter de belleza espiritual, natural.
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Algunos midrashim de esta parashá

Betzalel es Designado como el Constructor del Mishkán y Aholiav como Su Asistente

Cuando a Moshé, durante su estadía en el Cielo, se le contó acerca de la futura construcción del Mishkán, tuvo la impresión de que a él le era mandado construirlo con sus propias manos. Cuando estaba a punto de abandonar el Campo Celestial, Hashem le reveló, “A pesar de que Yo te exhibí el diagrama del Mishkán y la estructura de todos sus componentes, tú no eres el artesano que lo construirá. ¡Tu tarea es ser un líder no un artífice!”
“¿Quién entonces será el constructor del Mishkán?” inquirió Moshé.
“A Betzalel ben Uri ben Jur le fue asignada aquella tarea,” Hashem le informó.
Betzalel era el hijo de Jur quien había sido asesinado durante el incidente relacionado con Becerro de Oro. La construcción del Mishkán por medio del hijo de Jur expiaba por la culpa de la muerte de Jur. Betzalel era el bisnieto de la hermana de Moshé, Miriam. Ella fue recompensada con un sabio y comprensivo descendiente que supo cómo construir el Mishkán como recompensa por su temor de Hashem el cual la impulsó a ella a desobedecer la orden del Faraón de asesinar a los recién nacidos judíos en Egipto. En aquel tiempo, Betzalel tenía solamente trece años de edad. Moshé por lo tanto se preguntaba cómo a alguien tan joven en años le podía ser otorgada la inmensa tarea de erigir un Mishkán.
Hashem, no obstante, mostró a Moshé aquel mismo libro que El había también mostrado al primer hombre, Adám. En él estaban registrados los nombres de todos los reyes, líderes y profetas judíos hasta el tiempo del Mashíaj. El nombre “Betzalel” estaba registrado como el constructor del Mishkán. “El fue destinado para esta tarea desde la Creación,” Hashem le reveló a Moshé.

A ningún líder le es conferido alguna vez cargo de una comunidad a menos que fuera previamente designado por el Cielo.
De acuerdo con la regla de que es correcto consultar a la comunidad antes de designar a un líder sobre ellos, Hashem preguntó a Moshé, “¿Te parece Betzalel digno para esta empresa?” “Si él es digno en Tus Ojos,” replicó Moshé, “ciertamente lo es en los míos.” Cuando Moshé más tarde presentó a Betzalel al pueblo como el arquitecto del Mishkán, él a su vez les preguntó, “¿Accedéis a que Betzalel se convierta en el constructor?” “Si él es digno a los ojos de Hashem y a los vuestros,” respondieron los Bnei Israel, ” es ciertamente bueno a los nuestros.”
Betzalel fue inspirado por Hashem con sabiduría y comprensión Divina para poder tener éxito en su misión. El supo el código Divino por el cual el cielo y la tierra habían sido creados. Fue de tal modo capaz de crear el Mishkán, una tarea que era equivalente a la creación del universo.
Al igual que Moshé fue mostrado una visión de la detallada estructura de cada vasija del Mishkán, así fue Betzalel concedido una visión Celestial de la forma y diseño de todo objeto.
Betzalel fue un leal artesano que se esforzó a sí mismo al extremo para cumplir las instrucciones de Hashem. La Torá por consiguiente lo recompensa vinculando su nombre a cada objeto particular en el Mishkán en toda esta parshá.
Moshé ordenó a Betzalel, “Primero construye el arón, luego las otras vasijas, y finalmente la tienda del Mishkán.”
“Mi rebe, Moshé,” objetó Betzalel, “si alguien construye una casa, ¿no construye primero su estructura exterior para proteger su moblaje? Si yo construyo al arón primero, ¿dónde subsecuentemente lo ubicaré una vez que sea completado? ¿No os ha dicho Hashem que yo debería primero construir el Mishkán mismo, y luego el arón, y los otros accesorios?”
“Tienes razón,” admitió Moshé. “Vos podéis ser llamado uno que está a la sombra de Hashem, porque poseéis la sabiduría para desentrañar el significado secreto tras Sus palabras.” De aquí el nombre “Betzalel,” compuesto de las palabras “betzel kel - él que estuvo a la sombra del Todopoderoso.”
Hashem le ordenó a Moshé designar como asistente de Betzalel a Aholiav de la Tribu de Dan. Aholiav no hizo trabajo independiente, sino ayudó a Betzalel con cada fase de la construcción. Hashem unió como artesanos a Betzalel, un miembro de la Tribu de Iehudá, y a Aholiav, de la Tribu de Dan. Iehudá era la más exaltada de las Tribus y Dan la más humilde. Uniéndolos, Hashem les enseñó a los judíos no despreciar a la Tribu de Dan porque a los ojos de Hashem el grande y el pequeño son iguales.

Una persona más pequeña que sirve a Hashem con todas sus capacidades está al mismo nivel de una más dotada, porque Hashem juzga a un hombre de acuerdo con las intenciones de su corazón.

Después de Cuarenta Días en el Cielo, Moshé Recibe Dos Lujot (Tablas) de Zafiro

Después de matán Torá (entrega de la Torá) Moshé permaneció en el Cielo por cuarenta días, aprendiendo la Torá directamente de Hashem.
Hashem le enseñó a Moshé las reglas de la interpretación (de la Torá), para que él pudiera derivar el cuerpo íntegro de la halajá de las palabras y letras de la Torá. A pesar de que Moshé estudió diligentemente, su mente no retuvo ninguno de los principios que había escuchado de Hashem. Después de cuarenta días de estudio intensivo, su mente estaba todavía en blanco. Posteriormente, Hashem le concedió, como don Divino, el poder para retener su aprendizaje.

La inhabilidad de Moshé para recordar sus estudios se debió al hecho de que todavía no se había transformado él mismo de un ser físico a uno espiritual. Sus cuarenta días en el Cielo fueron un renacer espiritual, paralelo al período de cuarenta días cuando el embrión es formado en el útero de la madre. Solamente al fin de aquel período Moshé logró la capacidad espiritual requerida para retener la Torá.

La perseverancia de Moshé sirve como una lección para aquéllos que usan a la pobre memoria como una excusa para no esforzarse ellos mismos en el estudio de Torá. Deberían aprender de Moshé, quien persistió en sus estudios a pesar del fracaso de su memoria. El fue por consiguiente recompensado con la capacidad para retener todo su conocimiento de Torá.

Al fin de los cuarenta días, Hashem le entregó a Moshé dos lujot (tablas) de zafiro de idéntica forma y tamaño. Sobre ellas, El había grabado los Diez Mandamientos. ¿Por qué les fue entregado a Bnei Israel los Diez Mandamientos inscriptos sobre lujot, antes que un Rollo de Pergamino Divino conteniendo la Torá íntegra?

Cuando un joven niño comienza la escuela, su maestro le presenta el Alef- Bet escribiendo las letras sobre el pizarrón. Sólo más tarde, cuando está familiarizado con el Alef- Bet, le serán dados libros para estudiar.
Hashem, para decir así, presentó a los judíos la Torá poniéndolos en conocimiento de los Diez Mandamientos (los cuales contienen los conceptos básicos de Torá), y sólo más tarde El ciertamente les entregó un rollo de pergamino de la Torá entero. Hashem eligió inscribir los Diez Mandamientos sobre un mineral duro (zafiro) para enseñar a Benei Israel que la omisión de observar las mitzvot de Hashem resultaría en el castigo de lapidación (skilá) por el Beit Din. Antes que inscribir todos los Diez Mandamientos sobre una única tabla, Hashem los escribió sobre dos lujot separadas, para simbolizar:

- Cielo y tierra: Para enseñarnos que el cielo y la tierra fueron creados solamente por consideración al estudio de Torá y su cumplimiento.

- Jatán (novio) y kalá (novia): La primer tabla contiene los mandamientos relativos al hombre y su Creador, que es llamado el jatán de Klal Israel. La segunda tabla representa la kalá, Klal Israel, dado que versa sobre los mandamientos gobernando la relación del hombre con su semejante.

- Dos shusvinim (ujieres): Las dos tablas simbolizan los dos ujieres que presentaron al pueblo judío a la Torá: Moshé, quien sobresalió en los mandamientos entre el hombre y su Creador; y el bondadoso y amante de la paz Aharón, quien cumplió perfectamente los mandamientos entre el hombre y su semejante.

- Olam hazé (este mundo) y olam habá (mundo por venir): El que cumple lo que está inscripto en ambas lujot adquiere ambos mundos.

Por Qué Bnei Israel Tropezaron en el Jet Haeguel (Pecado del Becerro de Oro)

La grandeza de la Generación del Desierto no puede ser subestimada. Después de pronunciar “naasé venishmá,” en Har Sinai, ellos parecían ángeles antes que humanos. Habían recobrado el nivel de Adám antes de que pecara, y Hashem los declaró libres del poder del Angel de la Muerte.
El Rey David proclamó acerca de aquella generación, “Felices son aquéllos cuyo camino es perfecto, quienes caminan en la Torá de Hashem” (Tehilím 119:1). Hashem escogió a la Generación del Desierto por sobre todas las otras para recibir Su Torá, sabiendo que ellos eran tzadikím (justos) . Eran fuertes en espíritu y controlaban su ietzer hará.(instinto malo)
Si es así, ¿por qué tropezaron en el Pecado del Becerro de Oro?¿Por qué Hashem no los protegió del pecado, como El usualmente escuda a Sus tzadikím?
Hashem permitió el pecado del eguel puesto que sirvió como un signo de esperanza y aliento para Klal Israel por todas las generaciones futuras. El incidente del Becerro de Oro probaría que no importa cuán lejos una comunidad judía se descarriara fuera de la senda de Torá, ella nunca estaría más allá de la teshuvá (arrepentimiento). Si después de un pecado tan severo como el jet haeguel los Benei Israel fueron reaceptados por Hashem, ninguna comunidad podría alguna vez alegar que ella había caído demasiado bajo para retornar a Hashem.
Debe ser también tenido en mente que la dificultad de una prueba está en proporción a la grandeza de la persona (o de la generación). Más grande el nivel espiritual, más severa la prueba. Al igual que Adám, el primer hombre, fue probado para determinar si sometería sus propios cálculos a la finalidad de la voluntad de Hashem (y fue por consiguiente confrontado a la inmensa tentación de la Fruta Prohibida del etz hadaat - arbol del conocimiento), así fueron Klal Israel, al comienzo de su historia como nación, sometidos a una prueba mayor. Ellos fueron requeridos de abandonar el razonamiento humano y seguir la palabra de Hashem. (Fueron probados para ver si pondrían su fe absoluta en las palabras del profeta de Hashem, Moshé. El les había prometido que retornaría, y ellos fueron requeridos creer, a pesar de sus lógicas razones para asumir que no lo haría y su aparente justificación en buscar un sustituto.). La subsecuente condena de Hashem del pecado de aquella generación fue relativa a sus grandes capacidades. Hashem culpó a la comunidad entera por su omisión de protestar contra el mal y su contribución de oro para hacer una imagen. En realidad, solamente los Erev rav (tres mil personas, o medio porciento de la población) activamente adoraron al Becerro de Oro.

Shabat shalom!

(Extraido de tora.org.ar)

Jag Purim Sameaj !

Celebramos PURIM el domingo 28 de febrero de 2010, comenzando en la víspera, sabado 27 por la noche.
A continuación, los 4 Puntos más Importantes de esta festividad.
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ESTUDIANDO 3 PESUKIM (VERSÍCULOS) SOBRESALIENTES DE LA PARASHÁ

Que tomen para Mí una ofrenda, de todo varón que lo diere de corazón tomaréis Mi ofrenda” (25:2)

PREGUNTA: ¿Por qué el versículo comienza con la palabra “terumá” (una ofrenda) y concluye con la palabra “terumatí” (Mi ofrenda)?

RESPUESTA: A veces la gente no contribuye a causas caritativas de todo corazón porque tienen que usar el dinero para otro propósito cuando el encargado de recolectar caridad llega inesperadamente.
Por lo tanto es aconsejable tener una caja especial o una cuenta marcada “para contribuciones de caridad” en la que deposite al menos el 10 por ciento de las ganancias. Así, cuando llega el recolector de alguna de estas causas, uno contribuirá gustosamente, porque el dinero realmente fue apartado exclusivamente para tzedaká.
La Torá imparte en este versículo el importante consejo siguiente: Hashem le dijo a Moshé que le dijera al pueblo judío que la primera cosa que cada judío debía hacer es “Veikju li” –”Tomen de sus ganancias una porción para Mí y apártenla como terumá, dinero destinado para causas de tzedaká. Después de hacer esto, puedes estar seguro que cuando llegue el momento de tomar de ellos una ofrenda para el Mishkan (Tabernaculo), o alguna otra causa caritativa, darán con corazón afable. Porque “tikju et terumatí“, ellos no sentirán que estás tomando su dinero, sino que están dando tzedaká de aquello que ya fuera designado como Mi ofrenda”.

“Y esta es la ofrenda que tomarás de ellos: oro y plata y cobre… y ellos harán para Mí un Santuario y Yo moraré entre ellos” (25:3-8)

PREGUNTA: ¿Por qué a nuestros antepasados se les ordenó usar plata y bronce y no exclusivamente oro?

RESPUESTA: Di-s ordenó a los judíos construir el Mishkan para “veshajanti betojam” “Yo moraré entre ellos”. Gramaticalmente tendría que haber dicho “veshajanti betojo” “Yo moraré en él”. De acuerdo con el Shela (Shaar Haotiot, ot lamed) esto indica que, en adición a la construcción física del Mishkan, Hashem quiere que todos y cada uno de los judíos haga de sí mismo y de su hogar un lugar santo, así El podrá estar entre todos los judíos.
Entre el pueblo judío existen varios niveles. Algunos judíos son muy puros (santos) como el oro; otros son comparados a metales inferiores como la plata y el bronce. La construcción del Mishkan era para todos los judíos; no importa el nivel de la persona, debe hacer de sí mismo una morada apropiada para Hashem.

Y harás las tablas para el Mishkan” (26:15)

PREGUNTA: Las tablas para el Mishkan eran de madera de acacia de árboles que Iaacov plantó en Egipto e instruyó a sus hijos que los llevaran con ellos cuando salieran (Rashi)
Esas tablas tenían 200 años de antigüedad. ¿Por qué los judíos no enviaron mensajeros a algún país vecino para conseguir madera fresca?

RESPUESTA: En todas y cada una de las generaciones, la meta de los jóvenes es construir sus propios hogares. A menudo las jóvenes generaciones se aclimatan a las ideas y los ideales modernos. Para demostrar su progresismo, traen su modernidad a sus hogares y desgraciadamente se apartan ellos mismos del camino apropiado de la vida de Torá.
Al mencionar las tablas antiguas preparadas por Iaacov, la Torá nos enseña que un verdadero hogar judío debe reflejar los “estilos”, o sea la tradición y herencia de nuestros antepasados. Este hogar es un Santuario en miniatura en el cual Hashem desea morar.

(Extraido de tora.org.ar)

Estudiando 3 pesukim (versículos) sobresalientes

Y estas son las leyes… Cuando comprares un esclavo judío, trabajará por seis años, y en el séptimo saldrá libre” (21:1-2)

PREGUNTA: ¿Por qué las leyes referidas al ladrón vendido como siervo judío siguen inmediatamente a la entrega de la Torá?

RESPUESTA: Si los judíos tuvieran en mente constantemente que Hashem es el Amo del mundo y de sus habitantes, ninguno pecaría. Nosotros, los mortales tendemos a veces a olvidar este principio básico y, pensando que Hashem no está mirando, transgredimos Su voluntad.
Para protegernos de este error de concepto, las leyes del esclavo judío siguen a la entrega de la Torá para enfatizar que cada individuo debe esforzarse en ser un siervo de Hashem totalmente dedicado.
Los seis años de esclavitud del siervo judío representan el sexto milenio de este mundo, en el cual la adhesión de los judíos a la Torá y mitzvot implica esfuerzo. El “el séptimo”, o sea el séptimo milenio, “saldrá libre”: Los judíos serán “libres” del esfuerzo de cumplir mitzvot y en cambio las cumplirán a modo de un continuo y tranquilo ascenso. entonces debemos dedicarnos a servir a Hashem con esfuerzo durante esta etapa, seguros de que en “el séptimo” –”el séptimo milenio” –mereceremos una manera completamente diferente de existencia.

Si el objeto robado es hallado en su poder… debe pagar el doble“(22:3)

PREGUNTA: ¿Por qué un ganav (ladrón) paga el doble?

RESPUESTA: Cuando un ladrón roba $100, su intención es ganar $100 para si mismo a expensas de los $100 de su víctima. Los castigos en la Torá son medida por medida. Por lo tanto, al pagar el doble, el ladrón termina perdiendo $100 y hace que la víctima gane $100. Lo que se le hace a él es lo mismo que él planeó hacer a su prójimo.

Cuando tú prestares dinero a Mi pueblo, al pobre que está contigo –no pongas sobre él usura” (22:24)

PREGUNTA: ¿Por qué la Torá es intransigente acerca de cobrar intereses?

RESPUESTA: Un hombre rico no necesariamente merece su riqueza, ni una persona pobre su pobreza. Abundancia y pobreza derivan de actos de Hashem destinados a probar a la persona. El hombre rico debe pensar que es simplemente el guardián del dinero, que justamente pertenece al pobre. Es puesto en custodia para probarlo, para ver si él está enceguecido por la riqueza.
Esto está implícito en las palabras “et heani imaj” –”El dinero del hombre pobre está contigo”. Cuando tú le estás dando un préstamo, en realidad le estás dando acceso a su dinero. Consecuentemente, cargarle interés por su dinero es agregar insulto al sufrimiento de la pobreza y una grave iniquidad.

(Extraido de tora.org.ar)

Espiritualidad terrenal

Vimos en la Parashá de la semana pasada la dramática revelación de Dios a los judíos en el Monte Sinai. Fue una revelación tan poderosa que cada judío literalmente tuvo una experiencia extra-corporal. “¡Impresionante!”.

Esta semana, la Parashá Mishpatim es una de las más largas de la Torá, contiene una lista exhaustiva de más de 50 Mitzvot. Están incluidas las leyes sobre asesinato, secuestro, daño personal y daño a la propiedad, prácticas ocultas, ayuda a los pobres, retorno de objetos perdidos, y alivio a los animales que sufren.

La yuxtaposición de las dos Parashiot es sorprendente: Después del alto nivel espiritual del Monte Sinai, ¡¿Por qué Dios nos “lleva tan bajo” (por así decir) con todos estos detalles de la vida cotidiana?! Las dos Parashiot, aparentemente, son diametralmente opuestas.
En realidad, son dos lados de la misma moneda. El alto nivel espiritual del Sinai es gratificante, pero no resuelve los problemas del mundo en que vivimos. La espiritualidad no se alcanza meditando en una montaña o en un monasterio. La espiritualidad judía viene a través de la lucha con lo mundano de una manera que enaltece y eleva.

Los judíos no se abstienen de la vida, la enaltecen. Un viernes por la noche, levantamos la copa de vino y la utilizamos – no para emborracharnos – sino para decir Kidush y santificar el día de Shabat. La espiritualidad, dice el judaísmo, se puede encontrar en la cocina, en la oficina, y sí, incluso en el dormitorio.

Si lo que dijimos hace un instante es cierto, entonces, ¿por qué necesitamos del Monte Sinai en primer lugar?
Lo necesitamos porque una experiencia espiritual poderosa es lo que enciende nuestros motores. Todos hemos tenido momentos de inspiración – ya sea en algún seminario, o parados en la cima de Masada. Pero ese sentimiento dura sólo un instante.
Maimónides lo explica metafóricamente de la siguiente manera:
Imagina que estas perdido en la noche, caminando en medio de una tormenta. De pronto un rayo de luz ilumina el camino. Quizás es la única luz que verás por kilómetros. Y esta única luz debe guiarte durante toda la noche.
Así también, dice Maimónides, un momento de inspiración debe durar por años.

La Torá nos dice que para maximizar un momento de inspiración, necesitamos concretizarlo. La inspiración espiritual debe echar raíces en la realidad del mundo físico.

Es por eso que después de la orden de “No robar” en la Parashá pasada, la Parashá de esta semana nos enseña a enjuiciar a un ladrón. El nivel elevado de ayer no nos garantiza que seguiremos así mañana. Solamente a través de las leyes de la vida cotidiana podemos transformarnos a nosotros mismos y transformar nuestro mundo.

Cada sociedad profesa ideales de justicia y compasión. ¿Pero de qué manera se expresan estos ideales en la vida cotidiana?
La clave es “legislación”. Por medio de leyes como devolver objetos perdidos o preocuparse por la viuda o el huérfano, la Torá construye un marco para llevar a cabo una transformación personal profunda.

Esto nos lleva al tema del “Apego a la Ley” en contra del “Espíritu de la Ley”. “Apego a la Ley” es realizar un acto porque fue ordenado por la Torá. “Espíritu de la Ley” es realizar un acto por un sentido emocional interno.
Analicemos la caridad por ejemplo. La Torá te ordena entregar el 10% de tus ingresos a caridad (Apego a la Ley), lo que por supuesto nos lleva a desarrollar sentimientos de compasión por otros. (Espíritu de la Ley).
Por supuesto, idealmente deberíamos tener ambos. Pero dada la opción de uno o el otro, ¿cuál es más crucial?
Examinemos el siguiente caso de Dennis Prager:

Una mujer pobre pide dinero a dos judíos (con iguales recursos) para pagar la cirugía de cáncer de su hija. Uno de estos judíos, después de escuchar la difícil situación de la mujer, siente una gran compasión y en medio de lágrimas le da a la mujer un dólar. El otro judío no se conmueve de esa manera, de hecho estaba muy apurado y apenas puede hablar con la señora. Pero como el cuidaba de dar el 10% de sus ingresos a caridad le da a la mujer 100 dólares.

Entonces ¿Quién es mejor judío?
Sin duda el judaísmo prefiere que des tu 10% con todo tu corazón. Sospecha, sin embargo, que en la gran mayoría de los casos, si esperamos que el corazón de la gente se rompa para dar miles de dólares anualmente, estaríamos esperando por mucho tiempo. El judaísmo dice: da el 10%, y si tu corazón se ve involucrado, magnifico. Pero si no se ve involucrado, de todas maneras en el entretanto, has hecho mucho bien.
¿Cuál es la lección de todo esto? Muy simple, “Hacer” es mas importante que “Sentir”. Y esta es una de las grandes lecciones que los judíos deben enseñar en un mundo que idealiza los sentimientos. “¿Cómo te sientes al respecto?” no es la pregunta judía. “¿Qué vas a hacer al respecto?” sí lo es.

Ese fue el poder de los judíos diciendo “Nahasé be Nishmá” cuando Dios preguntó si querían recibir la Torá. Ellos dijeron: “Nuestro compromiso primordial es cumplir con las Mitzvot, y también intentaremos entender su significado práctico, intelectual y espiritual. Pero la falta de entendimiento no nos va a impedir cumplir con nuestro compromiso”.
Por supuesto, hacer una Mitzvá con gran sentimiento es lo óptimo, y eso es lo que aspiramos. Pero la pregunta es: ¿Qué tiene prioridad?

Otro ejemplo es rezar diariamente. La gente pregunta, “¿por qué no puedo rezar sólo cuando estoy inspirado?”. La respuesta es que, muchas veces, ¡rezar es exactamente el catalizador que te ayuda a inspirarte! Es un acercamiento pro-activo. Situarse a uno mismo en un marco que nutre y desarrolla la inspiración, en vez de esperar que la inspiración venga hacia ti.

La Parashá comienza con las palabras: “Eleh hamishpatim asher tasim lifneyhem“; que se traduce como: “Estas son las leyes dentro de las cuales debes situarte“. El Zohar explica que los ideales del Sinai deben ser internalizados y absorbidos en nuestros propios huesos. Cuando experimentamos un momento de inspiración y claridad, debemos traducir esa energía en una acción cotidiana concreta.
La validez de cualquier experiencia religiosa se comprueba si el resultado concreto es que nos transformamos en mejores personas. Así, nos dice la Torá, es como traemos las alturas del Sinai… a la tierra.

(Extraido de aishlatino.com)

Algunos Midrashim sobre la parashá

Itró se Convierte

A pesar de que todas las naciones habían oído el atronador estruendo de la partición del Iam Suf (Mar de juncos) y habían inquirido acerca de su significado, y no obstante que todas ellas conocían de la victoria de Klal Israel (el pueblo de Israel) sobre Amalek, ellas dejaron de atender al mensaje.
Hubo sólo un hombre que verdaderamente escuchó y aprendió el significado de los trascendentales eventos. Comprendiendo que Hashem es omnipotente, dedujo que era su deber moral servirle a El. Este hombre fue el suegro de Moshé, Itró.
Itró vivía en Midián, un país que era aliado de Amalek y enemigo del pueblo Judío. El originariamente se preparó para unirse a Amalek en su lucha contra Klal Israel. Sin embargo, cuando escuchó de la milagrosa victoria de Klal Israel y del mandamiento de Hashem que Amalek fuera exterminado por haberlos atacado, inmediatamente hizo teshuvá (volvió al camino de Hashem).
Sin demora Itró tomó a la esposa de Moshé, Tziporá y sus dos hijos (quienes no habían tomado parte en ietziat Mitzraim (éxodo de Egipto), porque Moshé los había devuelto a la casa de Itró), y viajó al interior del desierto al Campamento de los Bnei Israel. Su intención era convertirse en guer (converso) y unirse a los Bnei Israel en el desierto, aún si esto significaba sacrificar su honor y comodidad en cuestiones mundanas.
Al tiempo que Itró se aproximó al Campamento de los Bnei Israel escribió una carta a Moshé, en la cual enunciaba, “Vuestro suegro Itró ha arribado. Por favor, salid a recibirme. Sin embargo, si vos no queréis salir por consideración a mí, entonces veníd por consideración a vuestra esposa Tziporá; y si no por ella, entonces por consideración a sus dos hijos.”
Itró adjuntó la carta a una flecha y la disparó al interior de las Nubes de Gloria. A pesar de que las Nubes usualmente rechazaban cualquier misil,admitieron esta carta en honor de Moshé. Hashem ordenó a Moshé, “¡Sal al encuentro de tu suegro! Yo soy el que decide cuándo es apropiado aceptar a un converso, y Yo te digo que Itró vino aquí solamente leshem shamaim (en nombre de Di-s). ¡Por consiguiente, ofrécele amistad y no lo rechaces!”
El tono de la sentencia de Hashem revela que Moshé vacilaba en salir y recibir a su suegro.Tenía que ser convencido por Hashem, porque Itró había sido un sacerdote de ídolos la totalidad de su vida. Moshé no tenía manera de saber si Itró era sincero acerca de convertirse en un Judío y si él respetaría su decisión. Sólo Hashem, Quien sondea los pensamientos de la persona, podía asegurar a Moshé que Itró permanecería leal al Judaísmo. El por lo tanto ordenó a Moshé honrar a Itró.

Moshé, Aharón, y los Setenta Ancianos abandonaron las Nubes de Gloria para salir y dar la bienvenida a Itró. ¿Quién podía presenciar esta distinguida procesión y no ser compelido a seguirla? La nación entera se unió a Moshé, Aharón y los Ancianos.
Itró,el primer guer tzedek (converso virtuoso) , fue conferido de este modo con una bienvenida real. Incluso la shejiná (presencia divina) se presentó en su recepción. Moshé se inclinó ante su suegro y lo besó. De la manera respetuosa en que Moshé trató a su suegro, nosotros aprendemos que es apropiado para una persona honrar a sus suegros.
Moshé condujo a Itró directamente al Beit Hamidrash (casa de estudios), donde entusiastamente le describió los detalles de ietziat Mitzraim (éxodo de Egipto), keriat Iam Suf (la apertura del Mar Rojo), y la milagrosa guerra contra Amalek. De tal modo esperaba atraer a su suegro a la senda de la Torá. Moshé narró a Itró, “Hashem nos dio el Pan Celestial, man, el cual puede saber similar al pan, carne o pescado - incluye todos los sabores deliciosos en el mundo. Nosotros poseemos el Manantial de Miriam, cuyo líquido sabe tal como vino añejo o nuevo, como leche o miel - se torna cualquier bebida gustosa que existe. Nosotros estamos en nuestro camino a Eretz Israel, y ¡hemos sido prometidos por Hashem las más grandiosas recompensas - la Tierra, olam habá (mundo por venir), la monarquía Davídica, tejiat hametim (la futura resurrección de los muertos) y un nuevo mundo de allí en adelante, kehuná y leviá!”
Cuando Itró escuchó la detallada narrativa de los grandiosos milagros que Hashem había realizado para Klal Israel, inmediatamente implementó su decisión de convertirse al Judaísmo. Tomó un filoso cuchillo, se realizó la milá (circunsición) sobre sí mismo y reconoció a Hashem como el único Soberano. No obstante, en su corazón, Itró sintió pena de los egipcios quienes se habían ahogado en el Iam Suf. “¡Baruj Hashem, alabado sea Di-s,” Itró proclamó, “Quien os rescató a vosotros de Egipto, una nación terrible, y de las manos del Faraón, un rey cruel, y Quien os liberó de la esclavitud Egipcia! Es verdaderamente milagroso que una nación de 600.000 hombres pudiera cruzar las fronteras Egipcias, las cuales están tan estrechamente selladas que ni un solo esclavo ha podido nunca escapar. “Yo estudié toda religión en el mundo y las rechacé a ellas todas por ser falsas, y alcancé el entendimiento de que Hashem es el verdadero Di-s. Ahora comprendo con aún más gran claridad que Hashem trasciende todos los otros poderes, puesto que en la Plaga de la Muerte del Primogénito El destruyó todas las deidades Egipcias. Además, Su grandiosidad es evidente del hecho de que El hirvió a los Egipcios en la precisa olla que usaron para hervir a otros. Puesto que ellos intentaron destruir bebés judíos ahogándolos, El ahogó a los Egipcios a su vez.” Itró estaba de lo más impresionado por el modo de castigar de Hashem midá - kenegued - midá (medida por medida), el cual imposibilita la posibilidad de azar y prueba que las vidas de los hombres son efectivamente moldeadas por la Divina Providencia.
Cuando Itró, el ex- sacerdote quien había investigado todo culto en el mundo, exclamó, “Ahora yo sé que Hashem es más grande que todos los otros poderes,” él realizó el más grandioso kidush Hashem (santificación del nombre divino) posible. Las naciones del mundo escucharon acerca de ello y abandonaron sus ídolos, con lo cual reconocieron la gravedad de servir a una imagen.
El mismo Itró quien por muchos años había sacrificado a los dioses de las naciones ahora ofrendó korbanot (sacrificios) a Hashem. Luego se sentó a cenar con Aharón y los Ancianos. Moshé, sin embargo, no se unió a ellos, sino permaneció parado para servir la comida. Un milagro especial ocurrió en honor de Itró- una porción de man cayó para él durante su comida. Esto claramente demostró que Itró se había tornado parte del pueblo Judío.
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Cuando los israelitas salieron de Egipto, Hashem no los condujo a Canaán por la ruta directa, a través de las tierra de los filisteos, con el objeto de que no se toparan con ejércitos hostiles y lamentaran la partida. En lugar de ello, el pueblo viajó en dirección opuesta, guiado por una columna de nubes durante el día, y de fuego por la noche.
Moshé no olvidó transportar los restos de Iosef, como éste había pedido.
Los israelitas ya habían llegado a Etam, en el límite del desierto, cuando recibieron orden de regresar y acampar junto al Mar Rojo. Allí Paró los persiguió pensando que estaban atrapados en el desierto, pero el Señor nuevamente proveyó a su salvación.

Tan pronto como el pueblo judío hubo partido, el faraón se lamentó de haberle permitido salir. Reunió a todo su ejército, que consistía de muchos soldados y carros, y persiguió a los israelitas. Muy pronto los egipcios estuvieron pisándoles los talones a los judíos, que fueron dominados por el pánico y se quejaron amargamente a Moshé: “Habría sido mucho mejor para nosotros servir en Egipto que morir en el desierto”, clamaban. Pero Moshé les aseguró que D-s lucharía por ellos una vez más.
La columna de nubes que los guiaba se movió hacia la retaguardia, creando un velo oscuro que obstaculizó el avance egipcio.
Por orden del Señor, Moshé extendió la mano sobre el Mar Rojo. Un fuerte viento sopló, entonces, del Este y dividió las aguas. Esto permitió a los israelitas cruzar el mar con el lecho seco. Los egipcios los siguieron dentro del mar pero fueron sumidos en un estado de confusión por Hashem. Las ruedas de sus carros se atascaron en la arena húmeda. Entonces Moshé extendió nuevamente su mano sobre el mar y las aguas se cerraron sobre los egipcios y sus caballos, ahogándolos.

Moshé y los hijos de Israel entonaron una canción de triunfo, en la cual alababan el infinito poder de D-s, que había destruído al enemigo. El guiaría a Israel sin peligro a Canáan, cuyos habitantes se aterrorizaron al enterarse del aniquilamiento de los egipcios.

Los judíos marcharon continuadamente en dirección al Sur, a través del desierto de Shur, hacia Mará (amargor), llamado así por el sabor de sus aguas. Abrasado por la sed, el pueblo comenzó a murmurar contra Moshé. Entonces fue mostrado un tronco que al ser arrojado a las aguas, las endulzó. Los israelitas se refrescaron y continuaron su camino hacia el oasis de Elim.

Marchando hacia el interior, entraron en el desierto del Sinaí un mes después de su partida de Egipto. Pronto la falta de alimentos les hizo decir que mejor hubieran vivido en medio de los lujos de Egipto. Hashem les comunicó que haría caer pan del cielo y los sometería a una prueba para saber si obedecían Su ley.
Por la noche venían al campamento aves migratorias, codornices, y de este modo el pueblo recibió provisiónde carne. En la mañana el terreno estuvo cubierto cubierto de man (maná), el cual tenía el sabor que deseara cada consumidor.
Se ordenó a los israelitas que recogieran no más de un ómer (medida de 4 litras, aproximadamente) de man por persona cada día. Empero, el sexto día debía juntarse una porción doble para disponer de alimento tambien en Shabat, día en que está prohibido trabajar. Un ómer de man era colocado en una vasija de arcilla delante del Arca en el Mishcán, como testimonio de la bondad de Hashem.

En Refidim, ubicada más hacia el sur, el pueblo disputó nuevamente con Moshe, quejándose de la falta de agua. Por orden de D-s, Moshé golpeó una roca en el cercano monte Jorev con el bastón que había utilizado en Egipto, y brotó una corriente de agua que permitió a la gente beber a voluntad. El lugar en que ocurrió este milagro fue llamado Masá-Merivá.

La tribu de Amalek atacó a los israelitas en Refidim y éstos se defendieron bajo el mando de Iehoshúa. En el fragor de la batalla, Moshe ascendió a la cima del collado, llevando su bastón. Fue acompañado por Aharon y Jur. Estos sostenían sus brazos cuando se cansaba, pues Israel sólo vencía cuando Moshé mantenía en alto las manos orando a D-s. La batalla duró hasta la puesta del sol y Amalek fue derrotado. Moshé recibió orden de registrar este incidente e inculcar su importancia en Iehoshua, quien conduciría a los israelitas en Canaán. Por su traición al atacar a Israel, la tribu de Amalek debia ser totalmente destruida y su recuerdo borrado de la faz de la Tierra.

(Extraído del libro “Lilmod ULelamed” de Edit. Yehuda)

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Parashá Bo

Después que Moshé advirtiera a Paró que al día siguiente una plaga de langostas destruiría las cosechas de Egipto, los cortesanos lo instaron a que permitiera la partida de los israelitas varones. Sin embargo, Moshé y Aharón insistieron en que se autorizara a salir también a las mujeres, los niños y los rebaños. Como resultado, fueron expulsados del recinto de Paró.
Al día siguiente, Moshé extendió su bastón y un viento del Este trajo a Egipto una plaga de langostas que devoraron la vegetación del país. Después de presenciar este desastre el faraón admitió su error y rogó a Moshé y a Aharón que rezaran por la eliminación de la plaga. Así lo hicieron y un fuerte viento retornó una vez más a su obstinada negativa.

Entonces Moshé produjo la plaga siguiente: una total oscuridad que envolvió la tierra de Egipto durante seis días. Durante tres de ellos los egipcios ni siquiera pudieron moverse. Sólo los israelitas tenían luz en sus viviendas.
El caos resultante de esa pesadilla fue demasiado para el faraón, quien ofreció dejar que partieran los israelitas -hombres y niños- siempre que dejaran los rebaños como garantía de que regresarían. Moshé rechazó esta condición y Paró le prohibió que apareciera de nuevo ante su presencia. Moshé replicó que habría una plaga final de efectos devastadores: ella le costaría la vida a todos los primogénitos egipcios. Moshé y Aharón partieron entonces por última vez.

D-s informó a Moshé que la redención estaba próxima y que de allí en adelante el año comenzaría en el mes de la liberación (Nisan). El décimo dia de este mes cada jefe de familia debía apartar un cordero macho sin defectos, para mantenerlo hasta la noche del día décimocuarto, ocasión en la que debía ser sacrificado. Parte de la sangre sería salpicada sobre el marco de la puerta de toda casa judía como señal de que sus habitantes eran israelitas. Esa noche, la carne del sacrificio debía ser comida, cuando estuvieran asada, con pan sin leudar y hierbas amargas. Todo lo que quedara en la mañana debía ser quemado. Más aún, era menester comer apresuradamente y los comensales debían estar preparados para iniciar un viaje.
Aquella sería la noche en que Hashem eliminaría a todos los primogenitos de Egipto, con excepción de los que estaban en casas salpicadas con sangre de cordero. Desde entonces esa festividad ha sido observada anualmente como Pésaj y es un permanente recordatorio de la liberacion de Egipto.
Durante siete días se comería pan ázimo y los días primero y séptimo de la festividad debían ser observados como una asamblea sagrada, con la prohibición de hacer cualquier trabajo. El sacrificio de las ofrendas de Pesaj debía ser observado en Canaán después de la conquista, y su significación debía ser explicada a las generaciones siguientes.

Exactamente a medianoche, D-s eliminó a todos los primogénitos egipcios, tanto hombres como animales. Paró y sus compatriotas se levantaron en mitad de la noche para lamentarse amargamente por las pérdidas de vidas. Pidió entonces a los israelitas que partieran, no ya como una orden real, sino con un dejo de sometimiento, tal como Hashem lo había anticipado.

Los israelitas partieron con tal apresuramiento, quela masa del pan con levadura no tuvo tiempo de leudar (desde entonces y para conmemorar este hecho, los judíos han estado comiendo pan ázimo o matzá, en Pesaj).
Eran seiscientos mil hombres los que comenzaron el viaje y llevaron con ellos a sus esposas e hijos. También transportaban una gran cantidad de oro y plata que los egipcios les habían entregado.
Los judíos recibieron orden de llevar un korbán Pesaj el catorce de Nisán de cada año. También se les ordenó qaue redimieran a sus hijos primogénitos varones en todas las generaciones futuras, y que usaran tefilín (filacterias) “como señal en tu mano y como recordatorio entre tus ojos”, para que no olvidaran la salvación de los judíos en Egipto.

(Extraído del libro “Lilmod ULelamed” de Edit. Yehuda)

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Hashem Se reveló a Moshé como el Señor cuyas promesas a los patriarcas se cumplirían ahora, pues los israelitas serían rescatados de la esclavitud y llevados a la Tierra Prometida. Los judíos, con el espíritu quebrantado, rehusaron escuchar a Moshé cuando les entregó el mensaje del Señor. Esto produjo temor en Moshe, pues se preguntaba cómo lo escucharía el gran faraón si sus propios hermanos no lo hacían, especialmente por el hecho de que temía dificultades de dicción. Nuevamente se le dijo que Aharón sería su vocero y que el faraón se rehusaría a permitir a los judíos la salida de Egipto hasta que Hashem no infligiese severos castigos a los egipcios.

Moshé tenía ochenta años y Aharón ochenta y tres cuando partieron a cumplir su misión. Sabiendo que Paró se impresionaría con un acto mágico, Aharón arrojó un bastón al suelo, que se convirtió en una serpiente. Sin embargo, los magos egipcios pudieron reproducir esta proeza. Pero aún cuando el bastón de Aharón se tragó a los bastones de los magos, el faraón permaneció impasible.

La primera plaga se desató entonces sobre Egipto. Después de advertir a Paró lo que iba a ocurrir, Aharón siguió las instrucciones de Moshé y agitó su bastón sobre el Nilo, los canales y reservorios. Las aguas se convirtieron en sangre. Los peces murieron y esto produjo un olor pestilente e insoportable.
Los egipcios, enfrentados con la falta de agua, se vieron obligados a suplicar a los judíos que les dieran un poco, pues la plaga -que se prolongó durante siete días- no tenía efecto sobre el agua de los hebreos. Puesto que el milagro fue nuevamente repetido por los magos egipcios, el faraón mantuvo su actitud obstinada. Por consiguiente, ignoró la amenaza de una plaga de ranas.
Nuevamente Aharón extendió la mano sobre el Nilo y las ranas cubrieron la tierra. El soberano egipcio rogó a Moshé que detuviera los efectos de la plaga y prometió permitir, a cambio, la salida del pueblo judío para ofrendar sacrificios a Hashem. Tan pronto como Moshé oró al Señor, cesó la plaga. Sin embargo, el faraón se rehusó obstinadamente a cumplir su promesa.

Entonces Aharón golpeó con su bastón el polvo de la tierra y éste se transformó en piojos que cubrían a hombres y animales. Esta vez los magos egipcios no pudieron hacer lo mismo y se vieron forzados a admitir la superioridad del poder de D-s. No obstante, el corazón de Paró continuó endurecido.

Moshé le advirtió que animales invadirían los hogares de los egipcios, pero que la tierra de Goshen, donde vivían los judíos, no sería afectada. El faraón se mantuvo en sus trece. Sin embargo, la desolación provocada por esta plaga lo obligó a autorizar que los israelitas ofrendaran sacrificios a Hashem en Egipto. Moshé, en cambio, exigió que se permitiera a los judíos viajar por tres días al desierto para ofrecer los sacrificios, a fin de escapar al saqueo de los egipcios. Paró accedió, pero tan pronto como se detuvo la plaga, se negó nuevamente a dejar salir a los judíos.

Entonces Moshé le advirtió que la morriña (enfermedad del ganado) devastaría a Egipto (con excepción de Goshen) si Paró no terminaba por acceder. Paró rechazó la advertencia y la plaga azotó intensamente al ganado de los egipcios causándole la muerte, en tanto que los animales pertenecientes a los judíos no fueron dañados. No obstante, Paró permaneció inconmovible.

A continuación Moshé arrojó ceniza hacia el cielo en presencia de Paró. La ceniza se convirtió en polvo y éste causó una epidemia de forúnculos dolorosos tanto en los hombres como en las bestias. Los propios magos de Paró fueron afectados, pero él no cambió de opinión.

Se le dijo entonces que destrozaría las cosechas y diezmaría el ganado que aún quedaba. Se le aconsejó que cubriera a personas y animales para salvarlos de la muerte. Algunos egipcios atendieron la advertencia y buscaron refugio junto con el ganado.
Entonces Moshé extendió su bastón hacia el cielo y una terrible tormenta de truenos, relámpagos y granizo arrazó el país (excepto Goshen), matando a hombres y bestias, y destruyendo las cosechas. (El granizo era de naturaleza inusual. Estaba compuesto de fuego en su interior y hielo en el exterior, y era de gran tamaño). Esta vez Paró reconoció su error, pero cuando cesó la tormenta, su corazón se endureció nuevamente como una piedra.

(Extraido del libro “Lilmod Ulelamed” de Ed. Yehuda)

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